Ricardo Martínez
Diario

enoturismo · 1 de junio de 2026

Vinos de altitud: por qué Granada es la última frontera del vino andaluz

A más de mil metros, donde casi nadie plantaría una viña, Granada hace algunos de los vinos más singulares de Andalucía. Una guía corta para entender por qué la altitud cambia la copa — y por qué este territorio está reescribiendo lo que esperamos del vino del sur.

Vinos de altitud: por qué Granada es la última frontera del vino andaluz

La primera vez que serví un vino de Granada en una cata privada, una invitada catalana me preguntó: «¿Pero aquí también se hace vino?». Han pasado quince años desde aquella noche, y la pregunta se sigue repitiendo. Granada no es uno de los primeros nombres que vienen a la cabeza cuando se piensa en vino español. Y, sin embargo, en este territorio se plantan algunas de las viñas más altas de Europa.

Esta es la historia que te quiero contar.

La altitud como decisión

En el viñedo, cada cien metros que subes de altitud descuelgan la temperatura media. Las uvas maduran más despacio, los azúcares se acumulan con calma y la acidez se mantiene viva hasta la vendimia. El resultado es lo que en mis catas siempre intento que tengas en la copa antes de explicártelo: vinos frescos, con nervio, con perfume.

A más de mil metros, en la Alpujarra y el altiplano granadino, esto no es teoría — es el día a día.

«La altitud no es un capricho geográfico. Es lo que permite que el sur de España siga haciendo vinos frescos cuando todo lo demás se calienta.»

Tres territorios, tres maneras de hacer

Granada no es un solo paisaje. Cuando diseño una jornada de enoturismo, suelo cruzar al menos dos de estas tres zonas:

La Alpujarra


Pueblos blancos colgados de la ladera de Sierra Nevada, terrazas viejísimas y bodegas familiares que vendimian a mano porque no hay otra forma. Los vinos blancos de Vijiriega, los tintos de Tempranillo o Garnacha de altura — todos llevan el aire seco de la montaña dentro.

El altiplano y la zona norte


Suelos calizos, inviernos largos, veranos cortos. Aquí los tintos se acercan a algo que recuerda a la Ribera, pero con la sal del Mediterráneo cerca.

La Costa Tropical y el Valle de Lecrín


Más baja, más mediterránea, con uvas que escapan a la moda y permiten experimentos: rosados serios, fermentaciones largas en ánfora, blancos con piel.

Por qué te van a sorprender

En cada cata privada llevo cinco etiquetas. Cuando incluyo un Granada — y casi siempre lo hago — observo tres reacciones que se repiten.

Primero: la sorpresa de que un vino del sur huela tan limpio.

Segundo: la curiosidad por saber quién está detrás de la botella. Son bodegas pequeñas, casi siempre familias de tres generaciones. Y eso se nota.

Tercero: la pregunta inevitable — ¿dónde se compran? Y ahí me toca contestar honestamente: cuesta encontrarlos fuera de Granada. Por eso pienso que la mejor forma de descubrirlos es venir.

Una invitación

Si vienes a Granada y solo conoces el Albayzín, la Alhambra y unas tapas, te has llevado una postal preciosa. Pero te has dejado fuera un capítulo entero del territorio.

Te propongo una cata privada para empezar — urbana, en un espacio bonito del centro, con cinco vinos de altitud y un maridaje pensado. O directamente una jornada en las viñas, con transporte y dos bodegas singulares.

En ambos casos, prometo lo mismo: el vino contado como nunca antes lo habías escuchado.

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